jueves, 10 de agosto de 2017

Crítica: Una Historia China de Fantasmas

Sin tener mucha idea sobre el cine chino, más que ciertos estereotipos sobre samurais y demás, he podido disfrutar por primera vez de ésta increíble fábula y el resultado ha sido más que gratificante. “Una historia china de fantasmas” (Siu-Tung Ching, 1987) es todo un acierto cinematográfico inclasificable, donde todos y cada uno de los adjetivos que aquí voy a escribir, seguramente se queden algo cortos, ya que algunas películas trascienden los sentidos y te llegan a tocar por dentro para dejar un poso eterno en nuestros recuerdos.

Esto es un ejercicio de astucia, en el que el director ha mezclado con gusto varios géneros: fantasía, acción, toques de terror, comedia, tragedia, romanticismo… Un tetris efectivo y añorable, que te hace recordar aquellas películas que parecían indicadas para un público infantil, por su inocencia, falta del ridículo y locura en ciertos puntos, pero con un objetivo de conquistar al público adulto. Y su argumento junto con sus inolvidables protagonistas, tienen mucha culpa de esa victoria.

La historia nos cuenta como Ning Tsai-Shen, un recaudador de impuestos en problemas económicos, pierde su libro de cuentas por la lluvia y tiene que cobijarse en una casa aparentemente abandonada en el bosque en busca de refugio, que resulta ser un templo embrujado. Allí se encuentra con Yen Che-Hsia, un experto luchador con su espada y taoísta, el cual tiene una encrucijada que solventar con ciertos fantasmas que viven por allí. Uno de esos espectros es la bella Nieh Hsiao-Tsing, un alma en pena cuya misión es atraer hombres para alimentar con sus almas al señor del mal (el cual viene a ser un demonio al estilo chino). Pero surge un imprevisto, y es que surge el amor entre Tsai-Shen y la fantasma, con lo que ayudados por el gran espadachín, intentaran luchar para salvar su alma y traerla de vuelta al mundo de los vivos.

Ya de por sí, la historia da para mucho. Siempre ha dado para mucho tener como epicentro de cualquier película un cementerio y unos fantasmas alrededor. Pero aquí vamos mucho más allá. Lo bueno es lo creíble del conjunto, y en gran parte de culpa es por las buenísimas actuaciones. El amor que surge entre ambos está bien construido y nos hace estremecernos en alguna medida, dada la dificultad de la situación, la inocencia de ambos y la decisión de amarse por encima del bien y el mal (nunca mejor dicho). La empatía como punto clave entre espectador y personaje. Por cierto, hasta bien avanzada la cinta, el pobre inspector no sabrá que ella es un fantasma, cosa que nosotros sí desde el primer minuto. La entrada real del espadachín en la trama, a mitad de la película, nos da la épica necesaria para entretenernos hasta el final y hacernos soñar, con aquellos cuentos e historias imposibles que tantas veces hemos leído de pequeños.

La ambientación es sencillamente brillante, creando una atmósfera de tonos azulados y neblinas nocturnas, muy apropiada para encajar la época y los personajes. Y lo mismo se hace de día en un momento que se hace de noche, que cae una tromba de agua, que sopla el viento en el bosque y parece que todo se viene abajo… Está claro que el cine oriental siempre ha buscado la complejidad en sus obras, sin miedo al fracaso, siendo ambiciosos hasta el fin.

El ritmo es para hacer un máster. Tan pronto tenemos escenas de artes marciales con movimientos de cámara frenéticos, grúas, personajes volando por los aires, como de repente nos encontramos con un baile (literal) de fantasmas en busca de carne humana dentro de la casa. Entretenimiento puro y duro. No sabemos por donde nos van a venir los acontecimientos y ese es un cierto muy grande para que aunque a veces nos pueda parecer inverosímil lo que vemos, en realidad pronto nos dejamos llevar, y lo que en un inicio nos puede parecer ridículo, luego nos resultará fantasioso. Destacable la escena al estilo de un musical con el taoísta cantando, si no te ríes con eso es que estás más muerto que vivo. También destaca el erotismo muy refinado entre la pareja dentro de la casa, sutil y nada empalagoso. Y así, nos podemos encontrar una decapitación bien sangrienta, o una lengua gigante a lo “Evil Dead” que intenta comerse a nuestros héroes… Genial.

El apartado de efectos es variado y solventado con nota, teniendo en cuenta que estamos en los 80 y con una producción relativamente media. El empleo de látex para los zombies, el stop-motion, las explosiones cuando nuestro taoísta lanza bolas al estilo Dragonball, la lengua gigante y el monstruo que parecen sacados de una película de Carpenter… son muy dignos, pero la palma para mí se lo llevan las batallas aéreas. Es flipante cuando les ves volar sin nada de efectos digitales de por medio, moviéndose a lo loco y además luciendo sus ropajes en el aire, es como un cómic hecho realidad. En el apartado de cutreces adorables: las barbas y bigotes más falsos que el propio Judas.

La guinda, la cual funciona como el pegamento para sellar todas las grietas y acompañar al ritmo, es la excelente banda sonora, de Dai Lemin y James Wong. Melodías sencillas y reconocibles, las cuales dependiendo de la escena varían en intensidad, pero mezclando tan bien la música tradicional china con algún tema ochentero, otro acierto de pleno.

¿Qué es lo que hace de ésta película una película que merece la pena? Os recomiendo mucho su visionado por todos los factores que antes os he desgranado, pero sobretodo por la capacidad que tiene de sorprendernos. La base en la que se cimienta, un film de fantasía oriental con toques sobrenaturales, nos abre el abanico para adentrarnos en el humor por sus diálogos y situaciones a veces subrealistas , rozando lo ridículo, pero no se hace una mezcla extraña, he ahí su mérito y parodia en sí misma. La historia de amor, muy a lo “Romeo y Julieta”, os robará literalmente el corazón incluso al más duro del lugar, dando paso a una historia épica donde luchar por los sueños es el mejor de los argumentos. Con un final, por cierto, también diferente a lo de siempre. La pirotecnia de FX y luchas de espadas y monstruos, pondrán toda la sal que un horror fan o simplemente seguidor de lo fantástico espera. Por cierto, obtuvo en su día el premio en Sitges en este apartado.


“A veces es peor ser hombre, que fantasma”. Es una de las frases que me quedo en mi recordatorio personal, tras ésta grata sorpresa que no sólo debe ver un aficionado al género, debe ser visionada por cualquiera que le guste el cine. En su país de origen está en la lista de las 100 mejores películas chinas de todos los tiempos, ahí lo dejo incrédulos.

Lo mejor: Todo, si lo que buscas es un entretenimiento variado y abierto, con altas dosis de trabajo y artesanía por parte de un cineasta con hambre. Con 30 años de solera, debería ser más popular.

Lo peor: Si no te dejas llevar por la magia que nos propone y abres la mente, te parecerá un producto algo anticuado y no bien definido.


3 comentarios:

Jesús Haro dijo...

Película interesante. Una de las 1001 películas que debes ver antes de morir.

Anónimo dijo...

Una de mis películas favoritas, es de esas que, sin saber como, tienen una magia especial, que otras con mas presupuesto jamas llegaran a tocarte la fibra. Tiene dos secuelas mas, siendo la dos algo aburrida y la tres casi a su nivel. No me canso de verla cuando busco magia y buen cine. Saludos (frankenhauser el loco)

Rhaul Black dijo...

Hola!

Muy de acuerdo en que es de esas películas con una magia especial, en las que uno vuelve a creer en la artesanía de hacer cine. Y además entretenida y distinta. Para verla sin prejuicios

Saludos!

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