miércoles, 17 de mayo de 2017

Crítica: RWD

Hace ya casi veinte años que se estrenó El proyecto de la bruja de Blair, escrita y dirigida por Daniel Myrick y Eduardo Sánchez. Un film que abrió una puerta de par en par al found footage (metraje encontrado) y que, a pesar de sus altibajos, no se ha vuelto a cerrar desde entonces. Desde luego, éste no era el primer found footage de la historia del cine. En 1980, Ruggero Deodato presentó Holocausto Caníbal que presumía de haber encontrado un metraje de unos exploradores que iban de visita a un pueblo caníbal. Sin embargo, ante la alta rentabilidad económica del film de Myrick y Sánchez, con su estilo más amateur y descuidado, fue la que sirvió como referente y ejemplo durante las dos próximas décadas, en las que muchos apostaron por dicho estilo, a priori, bastante más económico que el de una película ‘convencional’.

El proyecto de la bruja de Blair es considerada hoy en día una obra de culto en ciertos círculos cinéfilos. Te puede gustar o la puedes detestar, pero sin rasgarse las vestiduras, podemos considerarla la pionera del amplio movimiento comercial del found footage. Con dos secuelas a sus espaldas, la tercera y más reciente, dirigida por Adam Wingard (Tú eres el siguiente) bajo el título de Blair Witch, la lista de producciones bajo dicho ‘sello’ ha crecido ostensiblemente sin parar y es tan larga que puede tirar de espaldas a cualquier espectador.

Casi dos décadas después, todavía se siguen realizando producciones bajo dicho marco comercial del metraje encontrado. Con mayor o menor éxito, muchos realizadores apuestan por dicho estilo de filmación, a pesar del receso en los últimos tiempos. Si la memoria no me falla, el auge duró hasta 2010.

Entre la interminable lista de producciones, las que más repercusión han alcanzado entre el público han sido REC, Paranormal Activity y Cloverfield (aka Monstruoso). Debido a un presupuesto más elevado de lo habitual, en consecuencia, son las que han gozado de una promoción mucho más amplia y mayor reconocimiento entre el público.

Pero el found footage no deja de ser un estilo despreciado y considerado poco cinematográfico por algunos espectadores. Y tienen parte de razón, si atendemos a las normas básicas establecidas del cine. Todavía recuerdo los improperios en la sala de algún espectador indignado al terminar el film de Myrick y Sánchez. A un servidor, le gustó. Aunque, he de decir que no le he vuelto a ver desde su estreno, y no tengo clara la percepción que tendría ahora mismo sobre ella. El estilo en sí, no me entusiasma. No rebosa calidad técnica, al menos, en su forma original y con un bajo presupuesto. Lo considero más fructífero a la hora de aportar sensaciones opresivas. No siempre lo consigue, pero sí está bien ejecutado (aunque sea con poco dinero), eso juega a su favor. Pero es como todo, mucho de una misma cosa, equivale a morralla y de found footage ha habido mucha.

RWD, abreviatura de rewind -en inglés, rebobinar- es la milésima producción que apuesta por el found footage para contarnos una historia que galopa entre la ciencia ficción y el terror, aunque de terror da bien poco. Su título es de las pocas cosas coherentes y consistentes que nos ofrece el film.

Dos hombres que buscan fantasmas se encontrarán algo inesperado….

No es que el guión escrito por los debutantes Matt Stuertz y Adam Hartley no se entienda. Es que no aporta nada que no hayamos visto con anterioridad. Muchas películas no aportan nada nuevo gustan al público en general. Porque seamos realistas, a estas alturas hacer algo original es harto difícil. Hasta aquí no habría ningún problema, de no ser porque el tándem de guionistas tira por la vía rápida y toma influencias prestadas sin ocultarlas ni sonrojarse lo más mínimo.

RWD cruza referencias de Los cronocrímenes, El proyecto de la bruja de Blair, Primer y Silent Hill. Aunque las que predominan en la simplista historia son El proyecto de la bruja de Blair y Primer. Dicho tal cual, suena fantástico y maravilloso, pero la torsión a la que someten el espacio tiempo, hace que a partir de la mitad se resienta bastante. La película entra en bucle y termina perdida en su propio mar de referencias navegando sin brújula ni mapa topográfico. Su desenlace se vuelve repetitivo y está mal ejecutado, al margen de todo lo amateur que nos deja ver la propuesta.

Por otro lado, no temo reconocer que a pesar de las pésimas interpretaciones, el abuso de ciertos tics, como el audio del móvil -¿se supone que debía asustarme?- o el abuso de las interferencias de la cámara realizadas en postproducción, que entorpecen más que ambientan. Además de otras carencias técnicas y de realización, hasta mitad de película ha conseguido mantenerme intrigado y expectante. Es como si al comienzo me hubiese agarrado por la camiseta para darme una hostia, y vamos que si te la dá, con la mano abierta. Ni su ajustada duración de 75 minutos juega a favor del resultado, que se me antoja alarmante. Pero no a causa de los artificiales sustos o del terror que se supone debería dar, sino de la poca gracia con la que desarrollan la simple premisa que de otra forma podría haber quedado algo decente.

Stuertz ejerce de hombre orquesta, y además de escribir el guión, se hace cargo también de la dirección, edición, sonido, efectos visuales e interpretación junto a su compañero Adam Hartley, que lleva el peso principal en el campo interpretativo ya que Stuertz se encuentra la mayor parte del tiempo tras el objetivo. Aunque Hartley también figura como operador de cámara en los créditos finales.

Interpretativamente hablando, ambos están de lo más justitos, incluso, en su puesta escena amateur. La vida que imprimen a sus personajes es coherente con la propuesta, la de dos amigos que se van a dar un paseo por el bosque donde todo sucede de manera anecdótica y aleatoria. Si bien, no justifica la poca credibilidad de ambos en sus dos personajes.

Si hay algo que reconocerle al film, es que prácticamente todo el trabajo lo han hecho ellos dos solos. Y desde su punto de vista, se lo debieron pasar bastante bien durante el rodaje. Supongo que si yo me fuese con un amigo a unas ruinas en medio del bosque a rodar una película de terror, también me lo pasaría bien. Aunque, el resultado fuese tan amateur como dicha propuesta. Desgraciadamente, RWD nunca deja de rebobinarse a sí misma y pierde el rumbo totalmente.

Lo mejor: Cuando no sabes todavía el camino que tomará la historia, si el terror o la ciencia ficción.

Lo peor: Que solo se lo pasan bien sus protagonistas rodando la película. El espectador se aburre.


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