domingo, 23 de enero de 2011

Crítica: Shadow (L´Ombra)

El músico italiano Federico Zamplagione, líder de la popular banda de pop/rock “Tiromancino” (y lo de “popular” lo digo por lo que he leído por ahí, pues tengo que reconocer que no había oído hablar de ellos en mi puñetera vida), se adentra por segunda vez en el mundo del cine como director, después de dirigir hace cuatro años la comedia “Nero Bifamiliare”, aunque cambiando totalmente de registro con esta “Shadow”, película que pudo verse en la pasada edición del festival de Sitges y de la cual por cierto, me habían hablado realmente bien. Pero que nadie emita aun juicio alguno, pues aunque estemos hablando de dos conceptos, un director italiano, y una película de terror, que rapidamente nos llevarían a pensar en el “giallo”, lo que nos propone “Shadow” no tiene nada que ver con este, sino mas bien con cine de terror que se viene haciendo por tierras inglesas o escandinavas de unos años en adelante, historias de terror rural que se desarrollan en vellos parajes naturales como ya hemos podido ver en títulos como “Eden Lake” o “Rovdyr” por citar algunos ejemplos, si bien es cierto, que lo primero que me vino a la cabeza después de conocer el planteamiento inical de la cinta, fue aquella fábula rusa escrita por Alekandr Nikoalevich Afanasiev titulada “El Soldado y la Muerte” (algunos la recordarán narrada por el bueno de John Hurt en la mítica serie de culto “El Cuentacuentos” de la factoría Henson), en la cual un soldado regresaba de la guerra después de estar combatiendo durante largos años y su soñado retiro terminaba por convertirse en una surrealista pesadilla.

“Shadow” es la historia de David, un soldado norteamericano que después de combatir en la guerra de Irak, intenta superar la dura experiencia vivida viajando hasta un tranquilo rincón de Europa conocido como “La Sombra”, un paraíso rural en el que perderse con su bicicleta mientras práctica su otra gran pasión, la escritura. Allí, en un bar, conocerá a Angelique, una bella muchacha que es molestada por un par de cazadores furtivos. David se encara con ellos para defenderla y después prosigue su viaje hacia las montañas, reencontrándose con Angelique, con la que no tarda en entablar una buena amistad. A la mañana siguiente, la pareja se topa en el bosque con los furtivos, quienes después de perder a su presa por culpa de los jóvenes, comienzan una cacería humana que les llevará a las profundidades de la montaña, lugar donde la leyenda dice que habitan extrañas fuerzas y espíritus del pasado.


La principal virtud de “Shadow” es la maestría con la que Zamplagione esconde sus cartas con una primera mitad de metraje muy al estilo de las anteriormente citadas, donde una pareja de jóvenes excursionistas, se topan con unos cazadores psicópatas que les persiguen a través del bosque para darles caza. Este tramo es francamente emocionante, desarrollado a un alto ritmo y repleto de acción, con el añadido de que la preciosa Karina Testa (“Frontiere(s)”) es una de las presas humanas y de que los perseguidores son unos cabronazos muy mal paridos de esos con los que cualquier buena película de terror querría contar en su reparto.

Pero justo cuando pensamos que sabemos de que va el asunto, la cosa da un giro de 180º y la historia cambia totalmente de registro, adentrándose en los terrenos del “torture-porn”, aunque visto y ahora si, desde el prisma del cine de terror italiano de corte mas gótico, dejando totalmente de lado los parajes naturales que hasta ese momento habían acunado la historia y abriendo de par en par las puertas del terrorífico gignol de un macabro personaje de pesadilla que habita en una tétrica mansión y que parece disfrutar sobremanera con el sufrimiento ajeno.

En esta parte, el ritmo de la acción disminuye de forma considerable, centrando el interés del filme en la figura del asesino y sus maquiavélicos juegos, dando como resultado un buen puñado de desagradables secuencias de tortura, de esas que solo el cine italiano es capaz de plasmar (y ahora si que es irremediable hacer referencia al mejor “giallo”), que conseguirán ponernos la piel de gallina en mas de una ocasión mientras vamos descubriendo a fuego lento, todos los secretos que esconde el carismático asesino, sacado directamente de algún videoclip de los metaleros “Tool” (incluso hay una secuencia en plan videoclip compuesta por el propio Zamplagione, que recuerda a horrores al estilo de los norteamericanos, tanto visual como musicalmente).

Y lo mejor para el final, por que “Shadow” se reserva un as para la última mano con un desenlace tan sorprendente como macabro que consigue dar una última vuelta de tuerca a la historia, dejarnos de pasta de boniato (esta vez si que no lo ví venir en ningún momento) y cerrar una entretenida película como se merece, sin cabos sueltos y con los deberes hechos.

Conclusión, “Shadow” no es la película mas original del mundo, de acuerdo, pero a estas alturas de la partida, es algo que tampoco estamos en condiciones de exigirle al amigo Zamplagione, quien cogiendo un poco de aquí y un poco de allá, a conseguido dar forma a una historia efectiva, entretenida y que sabe mantener el interés del espectador en todo momento, incluso se permite el lujo de rizar el rizo en sus últimos minutos. Técnicamente impecable. Buena fotografía, buenas interpretaciones, excelentes decorados, buena banda sonora, Karina Testa (por si a alguien se le escapó la primera vez que lo comenté), y un villano con personalidad (aunque también pienso que se lo podría haber sacado bastante mas jugo y no solo verle chupar un sapo o poner caretos de “mirar lo malo y retorcido que llego a ser”).

Lo peor, algo mas de sangre no hubiese estado de mas (sobretodo viendo lo bien resueltas que están y lo efectivas que llegan a ser las pocas secuencias  que contiene), la clara falta de originalidad que en algunos momentos, puede degenerar en falta de personalidad, el ritmo algo cansino de su segunda parte (muy acentuado además debido a las excelencias de su vertiginoso tramo inicial), lo cansino que comienza ya ha hacerse el temita sobreexplotado de las torturas y su desenlace, que si bien a mi me ha gustado (y sorprendido) mucho, puede que algunos lo interpreten como un recurso “fácil” para escurrir el bulto.


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