martes, 2 de septiembre de 2014

Sitges 2014: Terror independiente en Brigadoon

El terror independiente y los directores italianos que influenciaron a Tarantino protagonizan Brigadoon 2014

Jaume Balagueró dará el pistoletazo de salida de la Sitges Zombie Walk, que se celebrará el sábado 4 de octubre.

Brigadoon ofrecerá este año en Sitges 2014 una selección de largometrajes de ficción, cortometrajes y documentales y un homenaje al actor Álex Angulo, fallecido recientemente. La sección del Festival, que presenta las propuestas más arriesgadas y de culto en sesiones gratuitas en el Escorxador, ha elaborado un amplio programa en el que destaca una revisión de los directores italianos que influenciaron a Quentin Tarantino. 

La programación de largometrajes de Brigadoon cuenta con tres destacadas referencias, la primera es Maldito amor, el nuevo film de los hermanos chilenos Gonzalo y Sebastián Badilla, una comedia adherida al género giallo. La segunda propuesta, Megamuerte, es la película de Jordi Nájera que nace del corto Metal Creepers y a su vez rinde homenaje al glam metal de los años ochenta. The Redwood Massacre, de David Ryan, cierra este primer bloque: una cinta independiente rodada en el norte de Escocia donde un grupo de amigos visita el lugar donde se produjo una legendaria matanza. 

Uno de los puntos fuertes de Brigadoon es, desde hace unas cuantas ediciones, la programación de documentales. En esta ocasión, se presentará I Tarantiniani de Steve Della Casa y Maurizio Tedesco, un documental que pretende explicar al mundo un fenómeno cinematográfico desconocido, el de los directores ignorados por la crítica italiana que Quentin Tarantino considera esenciales, como Lamberto Bava, Ruggero Deodato o Sergio Leone. El género giallo es el protagonista de Yellow Fever: The Rise and Fall of the Giallo, un repaso a la historia de este concepto cinematográfico y a sus cineastas, desde los orígenes con Mario Bava hasta Dario Argento o Lucio Fulci. Junto con la proyección de Vicente Aranda. 50 años de cine, otro documental sobre cine español será Queridos monstruos de los hermanos Kiko y Javier Prada, una visión de la historia del cine fantástico y de terror desde los años sesenta hasta nuestros días.

Las coproducciones, el sistema de financiación, el caso Matesa, la Ley Miró o el sistema Back to back son algunos de los temas contados en primera persona por sus protagonistas. Entre las actividades paralelas que se celebran en el marco de la 47ª edición del Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya destaca de nuevo la Sitges Zombie Walk, el tradicional desfile por las calles de Sitges, que tendrá lugar el sábado 4 de octubre con el pistoletazo de salida a cargo del director Jaume Balagueró, que inaugura el Festival el día anterior con REC4: Apocalipsis. 

Al actor Álex Angulo, fallecido el pasado 20 de julio, se le rendirá homenaje con la proyección del film Acción mutante y contará con la presencia de su director en Brigadoon, Álex de la Iglesia. El cineasta italiano Luigi Cozzi visitará Sitges 2014 para presentar una serie de trabajos en Brigadoon, entre ellos la película The Black Cat (1979) dentro del ciclo de los sueños. Durante la sesión se podrá ver el tráiler de su nuevo film Blood on Melies’Moon. 

El Premio Nosferatu será, este año, para la actriz María Kosty, dedicada a la profesión desde finales de los años sesenta y con una gran presencia en el cine fantástico y de terror español de los setenta.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Crítica: En la Boca del Miedo

No sé si queda alguien cuerdo en el planeta, de hecho no sé si queda alguien a quien poder calificar de persona en la Tierra, pero si todavía lo hay y encuentra esto, por favor léalo con atención porque tal vez pueda ayudarle. ¡Si es que queda esperanza! 

Hace casi 20 años, en 1995, el maestro del terror John Carpenter estrenó su película En La Boca del Miedo, cuyo título en inglés In the Mouth of Madness es todo un homenaje y declaración de intenciones hacia la novela At the Mountains of Madness (y el autor de esta última). La película ha sido englobada dentro de lo que algunos consideran la trilogía (junto a La Cosa y El Príncipe de las Tinieblas) del Apocalipsis del cineasta neoyorquino. ¡Qué visión demostraron unos pocos! 

El film narra cómo un cínico investigador privado especializado en fraudes, John Trent (estupendo Sam Neill), es contratado por una importante editorial para que encuentre a su autor-estrella que ha desaparecido, el famoso novelista de terror Sutter Cane (Jurgen Prochnow) que está pendiente de entregar su última creación, En La Boca del Miedo. Lo que en un principio comienza como una burda maniobra de marketing para vender más ejemplares de la citada novela según Trent, va derivando en una desenfrenada espiral de insania, sangre y deidades cósmicas arcaicas perdidas en un infinito abismal que reclaman su sitio en la Tierra, como consecuencia de la fanática creencia de los lectores de Cane en la veracidad de todo cuanto éste plasma en cada uno de sus escritos. 

Carpenter demostró una vez más por qué es uno de los grandes artesanos de la industria del cine y uno de los alumnos aventajados de su idolatrado Howard Hawks. Sin contar con un holgado presupuesto, como la mayoría de su filmografía, En La Boca del Miedo es una estupenda y prodigiosa serie b donde el autor de Halloween sabe extraer el máximo beneficio a cada dólar invertido en la producción. A una realización magnífica (digna de estudio) que se apoya en una fotografía fabulosa, cada encuadre está en el sitio adecuado y dura justo lo necesario, se suman unos efectos visuales y de maquillaje simples pero muy efectivos, un reparto que pese a no contar con estrellas rutilantes cumple de sobra su cometido (tal vez habría sido de agradecer una protagonista femenina con algo más de carisma y garra que Julie Carmen, aunque esta dota a su personaje de un toque misterioso y perturbado muy disfrutable) y sobre todo un guión firmado por Michael De Luca fabuloso. De hecho, es uno de los mejores libretos que ha parido el género en décadas. 

La brillante e inteligente combinación de: humor negro; denuncia-parodia de la industria literaria, Sutter Cane no deja de ser el alter ego mesiánico y bastardo de Stephen King (no sólo se referencia directamente al autor de Carrie en el film, sino que Cane vive y ambienta sus historias también en Nueva Inglaterra); homenaje sentido y profundo de las historias creadas por el gran H.P. Lovecraft (posiblemente sea junto a Re-Animator y Tras Las Paredes, ambas de Stuart Gordon, The Call of Cthulhu de Andrew Leman y The Whisperer in Darkness de Sean Branney, la mejor traslación del universo lovecraftiano a la pantalla grande); denuncia social encubierta al sistema capitalista y a los fanatismos (como casi siempre en el cine carpenteriano); y fundamentalmente de entretenimiento paranoide salpicado de estallidos de violencia que crean un ambiente oscuro, enrarecido, perturbado y tremendamente adictivo que no te deja pestañear hasta el sorprendente desenlace final. Siendo este uno de los más esquizoides, gamberros y meta-cinematográficos de la historia del cine. 

Al igual que los fanáticos de Cane, la legión de admiradores de Carpenter estábamos encantados con esta fabulosa propuesta, 100% entretenida y con unas calculadas dosis de sustos, ironía, paranoia e infinitas referencia al género de terror en sus diferentes manifestaciones. Por desgracia, en su día, a la inmensa mayoría les dejó indiferentes o indignados y la película pasó sin pena ni gloria (igual que el remake que realizó ese mismo año de la cinta británica, El Pueblo de los Malditos) por las salas cinematográficas cosechando por lo general críticas negativas, convirtiéndose desde sus orígenes en una producción de fervor por una minoría (entre la que me encuentro). ¡Sólo con recordar los acordes heavy de los títulos de crédito se me ponen los pelos como escarpias! 

Pero aquella veneración y fe ciega por la historia de Carpenter-Cane de unos pocos fue generando adeptos con cada nuevo visionado o comentario de los conversos, hasta el punto que un buen día comenzó a somatizarse y volverse real aquel universo. Antiguas, repulsivas y maléficas divinidades que durante eones habían estado abandonadas más allá de los confines del universo comenzaron a tomar forma y apoderándose de la mente de la gente. Legiones de intransigentes idólatras de cultos sanguinarios ancestrales, blandiendo hachas, propagan terror, locura y salvajismo por todas partes hasta la casi aniquilación de los no creyentes. 

Ahora, en la oscuridad de la noche, acechándome las tentaculares extremidades de criaturas abyectas, me dispongo a disfrutar por enésima vez de la maravillosa En La Boca del Miedo, pero espero que en esta ocasión cuando finalice la película, después de haberme dejado arrastrar más allá de la locura por una narrativa hipnótica y una delirante y terrorífica historia paranoica, y la risa floja acompañada de ligeros sudores fríos aparezcan, sea plenamente consciente que los monstruos sólo habitan en mi (maltrecha) mente y mis ansias porque el mundo sea como las malignas imaginaciones artísticas de algún Carpenter-Cane, en realidad no lo es. ¿¡Por desgracia!?


domingo, 31 de agosto de 2014

Crítica: The Hypnotist

Ni al punto de ser somnoliento ni fascinante, el thriller sueco The Hypnotist (Hypnotisören) convierte el best-seller internacional de Lars Kepler, adorado por la crítica en una caldera decepcionante de noir nórdico. Aunque el apetito por los libros, TV y películas de esta línea muestra pocos síntomas de disminuir alrededor de Europa y cualquier otro lugar, este cuento ubicado en Estocolmo sobre un viejo lobo policía que investiga un homicidio múltiple con la ayuda de un poco ortodoxo psicólogo, es poco probable que atraiga nuevos reclutas al género. Las expectativas brillan más en Escandinavia, donde Kepler – realmente el nombre artístico del dúo de marido y mujer – se ha posicionado astutamente a la par de Jo Nesbø como herederos del fenomenal éxito que trajeron Henning Mankell y Stieg Larsson. 

Un gancho comercial considerable en el norte es la vuelta a casa del director tres veces nominado al Oscar por la Academia, Lasse Hallström, tras un hiato de un cuarto de siglo en Hollywood que cedió el paso a hits como ¿A quién ama Gilbert Grape?, Las normas de la casa de la sidra y Chocolat. Pero el muy capaz director muestra no tener un estilo particular por el género que previamente había ignorado, sino que nos muestra un producto que parece más el piloto extendido y resbaladizo de una serie de televisión oscura en vez del nacimiento de otra franquicia a gran escala. 

Los productores de The Hypnotist han expresado, sin embargo; esperanzas optimistas que el actor principal, finés; Tobias Zilliacus ofrecerá nada menos que otras siete películas como el investigador arisco y taciturno Joona Linna – la tercera novela de la saga ya está traducida en inglés. 

Desde que ganar el Golden Globe por My life as a Dog (1985) moviera la atención de Hollywood sobre su persona, Hallström ha sido asociado con adaptaciones brillantes de novelas de cultura media famosas, su éxito dependiendo en gran medida de la calidad del guion. Aquí el guion está en manos de Paolo Vaciarca, cuyo único crédito previo en gran pantalla es el spinoff familiar Hotell Gyllene Knorren – una elección sorprendente para el tardío desvío de Hallström al mundo triste del procedimiento policial. 

Y mientras que la novela de Kepler – el año pasado nominada como una de los diez mejores por la revista Time – divide su foco de manera perfecta entre el investigador federal Joona y el psicólogo Erik Bark (Mikael Persbrandt – In a better world), la película falla en encontrar el balance apropiado. Aprendemos poco sobre Joona aparte de que ronda los cuarenta, está soltero, no tiene hijos, y es un perfeccionista dedicado. Mientras que el insomne Bark tiene un cuadriculado pasado profesional, un matrimonio problemático con la artista Simone (la mujer de Hallström, Lena Olin) y un joven hijo, Benjamin (Oscar Pettersson) que es adicto a los videojuegos violentos y tiene un problema de sangre hemofílica. 

El último detalle lanzado a la narrativa con un golpe seco, y cabe decir que se convierte en un giro de guion crucial en las últimas escenas cuando Benjamin es secuestrado por un intruso nocturno. Este malhechor en la sombra quiere prevenir la participación (no oficial) de Bark en el último caso de Joona, que pivota entre asaltos que han dejado a tres miembros de una misma familia cruelmente asesinados y un cuarto adolescente Josef (Jonathan Bökman), comatoso en el hospital. 

Las capacidades de mesmerismo de Bark son tan avanzadas que es capaz de conversar con el chico inconsciente – uno de los primeros desarrollos que restan credibilidad en el aislamiento y que gradualmente se acumulan hasta que en el clímax van rondando sobre un precipicio peligroso de absurdidad. No ayuda que no haya apenas sospechosos a la vista, y que los arenques rojos desparramados en nuestro camino sean tan conspicuamente leves; en una película que se mueve atropelladamente sin llegar nunca a ofrecer un momentum o establecer un personaje distintivo por sí mismo. 

The Hypnotist sin embargo consigue ejercer cierto embrujo gracias al dúo protagonista Persbrandt y Zilliacus, que encuentran productivamente diferentes registros de pesimistas barítonos y serios como dos personajes ligeramente sub-escritos con potencial de crecimiento y profundidad en futuras entregas. El director de fotografía Mattias Montero se mantendrá en el equipo, esperemos; ya que captura un Estocolmo pintoresco y helado hasta la mínima expresión, en una producción cuya intensidad sombría queda más destacada por el score siniestro y no intrusivo de Oscar Folgeström. 

La segunda adaptación de Kepler, The Paganini Contract, está en pre-producción y será dirigida por Kjell Sundvall – quien, como Hallström; obtuvo su mayor exposición internacional dirigiendo videos musicales para súper grupos como ABBA. En contraste con el trotamundos Hallström, sin embargo; Sundvall ha permanecido más como un chico de casa, y es más conocido por policíacos de televisión y cine con su personaje policía Harry Beck.


viernes, 29 de agosto de 2014

Crítica: Locke

Una película que tiene lugar en su totalidad dentro de un automóvil, rodada sólo en ocho noches, que viaja en la noche a través de la M1 a Londres, desde Brighton a Croydon asistiendo a cómo el mundo perfecto creado a su alrededor se desmorona lentamente y va camino de perderlo todo. En toda la película sólo hay un personaje visible, todos los demás que interactúan con él los escuchamos a través del manos libres. Pero como bien dijo John Donne, "Ningún hombre es una isla". Ni siquiera en la autopista. Los faros de los vehículos en la noche, se condensan como hojas de nenúfar flotando en la oscuridad estableciendo la sociedad de los aislados. 

Pensar que una película hecha con esta premisa sería absolutamente fascinante y absorbente, te haría morder las uñas, resultaría cruda y emocional es casi ridículo. Sin embargo, Locke ofrece por completo esto y mucho más de lo que promete, en gran parte gracias al prodigio actoral de Tom Hardy y el vocal de Olivia Coleman (La dama de hierro), Ruth Wilson (Anna Karenina) y otros talentos como Andrew Scott o Ben Daniels. 

Con un presupuesto muy pequeño, este es un testimonio de la profesionalidad del reparto y el equipo y el talento en bruto de Tom Hardy, (conocido por sus papeles en “The Dark Knight Rises”, la saga de Harry Potter, papeles en “El topo”, “Sin Ley”, “The code”, “RocknRolla” y “Origen: Inception”) que hace de la película algo absolutamente increíble, asumiendo el papel de un hombre medio, Ivan, para el que el hormigón es poco menos que su religión. 

Tom es guapo a rabiar, hipnotiza, sí, y con un marcado acento galés, enamora a la cámara y a los oídos (y con una simple mirada o un ligero cambio en su tono de voz transmite el conflicto interno por el que pasa su personaje) y se revela como uno de los mejores actores actuales de Gran Bretaña y que ha resultado toda una sorpresa en la 57 edición del Festival de Cine de Londres y en su estreno en el Festival de Venecia 2013 en la Sección oficial de largometrajes fuera de concurso, en esta suerte de road movie emocional que se sirve a la vez de un viaje en coche y otro al interior de su mente, componiendo un profundo e ingenioso estudio sobre la cinematografía minimalista en su más logrado equilibrio, donde la inmensa carga emocional del personaje central y sus dilemas se modera para no transmitir en un solo segundo una sensación de pesadez insalvable, premiada en los Brittish Independent Awards al mejor guión. (El BAFTA de Hardy está cantado). 

La película surgió de unas tomas nocturnas que Knight hizo para su estupenda Redemption y la idea de construir de forma minimalista una película profunda y densa. 

Todos cometemos errores, especialmente de jóvenes; Sin embargo, se necesita una gran personalidad a veces para reconocerlos y hacer lo que hay que hacer para enmendarlos y arreglar las cosas. Y hay veces que "hacer lo correcto" puede costarnos recorrer un largo camino hacia la recuperación de la autoestima, teniendo en cuenta la forma en que ese camino afectará a los demás. Esto es más o menos lo que le ocurre a Ivan Locke (Tom Hardy) en su coche, de noche. Ivan ha sido un triunfador, jefe capataz de una empresa de construcción durante diez años, cuya compañía con sede en Chicago se está preparando para uno de los mayores proyectos de construcción en su historia y recibe una llamada que lo condicionará de por vida y le obliga a marcharse dejando todo atrás. 

Su jefe Gareth (Ben Daniels), su asistente Donald (Andrew Scott), y otros en su equipo esperan que él estuviera allí a la mañana siguiente para supervisar el proyecto y atender cualquier emergencia que pueda surgir, y es que "No se puede confiar ni en Dios", le dice Donald. Ivan, sin embargo, no tiene claro si volver a casa y para nada confia en ese Dios para que limpie el desastre al que sus equivocadas, o no, decisiones le han llevado. 

Ha elegido estar con Bethan (Olivia Coleman), una mujer a la que conocía sólo de una noche, pero que ahora está en el hospital a punto de dar a luz a su hijo. 

Con la metáfora elegida de la construcción, a lo que Iván se dedica, nos cuenta que cuando fallan los cimientos, todo, absolutamente todo, puede venirse abajo en un momento y sin remedio, y eso es exactamente lo que sucede paradójicamente en la vida de Locke. En su niñez, sus cimientos más profundos, sigue existiendo un fallo, y aunque haya edificado sobre ese cimiento tarado una vida próspera y feliz, todo está a punto del derrumbamiento. Sabiendo por su propia experiencia con su padre muerto, (un padre hippie mujeriego que lo abandonó antes de nacer y al que se dirige a través del espejo retrovisor en un innegablemente sobrio pero efectivísimo recurso narrativo), lo que se siente al ser abandonado por alguien, toma quizás precipitadamente su decisión y, aunque es consciente de que va a afectar a otros tantos, está comprometido y convencido con la elección que ha hecho sin importarle (o al menos demasiado) las consecuencias. El papel de Locke no parece estar diseñado para mantener el interés del espectador a priori. Sólo hay un hombre en la cámara a lo largo de toda la película y eso es un hándicap difícilmente salvable al menos en cuanto a la forma. Toda la “acción” tiene lugar en una noche muy lluviosa en el interior de su flamante BMW, y los únicos diálogos brotan como conversaciones telefónicas durante el viaje en diferente tono. Pero lo que se ve de una manera en el papel, en el fabuloso storyboard que Knight ha mostrado a los medios, sin embargo, en pantalla resulta ser una experiencia totalmente diferente. No me valen las comparaciones con la sobrevaloradísima “Buried” de Cortés, con la que sólo comparte su esencia de “solomovie” y para nada sus trepidantes y trucadas truculencias trepidantes. También “Náufrago” tuvo su momento de “solomovie”, pero al menos en un entorno abierto y mucho menos claustrofóbico. 

En Locke, Knight, autor brillante del guión de Promesas del Este y el de Dirty Pretty Things, ofrece una capacidad desenfrenada de absorción de interés del público, una tensa reflexión sobre las decisiones que tomamos en la vida y cómo no estamos a menudo preparados en absoluto para afrontar sus consecuencias.

Lejos de ser estática o unidimensional, la tarea-brillante, epatante, magnífica- de Hardy llena de tanta vida a su personaje que la experiencia resulta poco menos que fascinante conforme se va involucrando en los errores de su vida y reflexionendo-interactuando con quienes la conforman: su esposa Katrina (Ruth Wilson) y sus dos hijos Eddie y Shaun (Tom Holland y Bill Milner) que le esperaban en casa para ver un gran partido de fútbol con ellos como lo había prometido. Durante los 85 minutos en coche camino del hospital, en la noche oscura que todo lo remueve y enturbia, Iván tiene también que hablar con su agotado asistente Donald sobre las medidas necesarias para que el gran proyecto funcione, mientras trata de calmar a Bethan, la amante ocasional angustiada que ha elegido ser madre y afrontar la reacción rígida e implacable de su esposa ante la que trata de justificarse con que su encuentro fue sólo una vez. "La diferencia entre nunca y una vez es la diferencia entre el bien y el mal," ella responde. Esas voces ajenas representan las líneas de la vida de Ivan, sus conexiones más allá de sí mismo, al igual que el cordón umbilical del bebé se extiende alrededor de su garganta y puede llegar a ahogarlo, porque "la línea de vida es un lazo.".

Pero Ivan no es un sinvergüenza irresponsable y sin conciencia, sino un simple ser humano en tres dimensiones, con el que es realmente fácil empatizar. Tiene su puntito de santo y el de pecador, y siente que está actuando fuera de la integridad que todos esperan de él tratando que al menos le entiendan. Ivan es un mago creador, tanto con el hormigón como con la propia carne. Su esposa amargada afirma que él ama a sus edificios más de su familia, que el hormigón para él "es delicado como la sangre." Tanto hormigón como carne, necesitan ser fuertes, y pueden ser defectuosos. A pesar de todo, con el jari que tiene montado, él es el único que se mantiene en calma a pesar de que los acontecimientos están poniendo a prueba su paciencia y el dolor plano a plano se puede ir leyendo en su rostro. Con un tono fuerte, seguro, entregado en un acento galés-que le es ajeno, ya les digo, es un portento de actuación- bellamente enunciado, él asegura a Donald que puede manejar la responsabilidad del proyecto y llevarlo a buen puerto (a pesar de que Donald ya ha comenzado a beber), y que dejando a Katrina abandona a la persona que más ama y la que más le ha amado. A sus hijos les dice que les explicará todo en la mañana siguiente y que las cosas volverán a la normalidad, pero si simplemente está tratando de ser práctico o realmente es ya carne de delirio es algo que el director nos deja para que el espectador decida.

Lo que está claro es que Locke, lejos de ser un cobarde pusilánime que da un paso adelante y borra el pasado, es, una vez vista toda la situación en su conjunto, gracias al prodigioso y simplista guión, un valiente, que afronta cosas que muchos de nosotros no seríamos capaces de encarar en la realidad y menos con la pesadísima carga-propia de Sísifo-que lleva el protagonista a sus espaldas. Al inmenso talento de Hardy como intérprete, que sostiene al menos el 90% de nuestra atención a lo largo de la cinta y la dirección hábil y profunda, veraz y engañosa a la vez, el trabajo brillante de cámara, distante a ratos, pero que acerca esos primerísimos planos del rostro del prota cuanto mayor es su presión y su agobio. se suman la magnífica fotografía de Haris Zambarloukos, brillante y absorbente, y la partitura de Dickon Hinchliffe (que genera con tino las atmósferas adecuadas), que transforman “Locke”, que podría haber sido una experiencia inconexa, claustrofóbica y sin chicha ni limoná, en una obra multidisciplinar, hipnótica, que invita fácilmente a la reflexión, y en última instancia, muy, muy estimulante. Un thriller diferente, prodigioso, emocionante, claustrofóbico que reflexiona sobre la redención y que probablemente no será del agrado de todos, pero que a este cuervo le ha fascinado de principio a fin, por su simpleza, por estar escrita maravillosamente sin dejar un cabo suelto y pensando ya en la dirección, por su idea y punto de partida simple que en realidad esconde tras de sí un mundo de dolor, engaño y sobre todo, REALIDAD. 

El principio de la cinta está empañado de un sorprendente y misterioso tono melancólico que va mutando, transformándose conforme el cuentakilómetros avanza hasta el thriller más puro, en el que somos el copiloto de Locke en todo momento, y participamos de su impotencia, su miedo y su angustia poniéndonos ya en su propia piel. Es en sí misma, una oda al minimalismo. O de cómo con un coche, un magnífico actor y una historia redonda se puede hacer cine y del bueno con un más que bajo presupuesto. 

Steven Knight, creador del programa de TV ¿Quién quiere ser millonario?, director y guionista de la serie británica “Peaky Blinders” del 2013 y de la también británica “Redención” ese mismo año (donde Jason Statham, además de estar más guapo que nunca borda por primera vez su papel) y futuro director del bombazo-secuela de World War Z, enrola en un coche a un inmenso Tom Hardy (tuvo que dejarse barba para no ser tan absolutamente atractivo como lo es hasta con ella) y a sus problemas, vicisitudes y dilemas durante 84 minutos- la narración de la historia se hace en tiempo real, sin uso de elipsis ni flashbacks-en un camino a ninguna parte, o a todas, o sólo a una, eso ya da igual en una peli en la que hay muchos personajes pero un solo rostro, el del conductor. Y es que “Locke” es una película atmosférica, con la sempiterna cámara enfocada sobre nuestro intérprete principal, captando cada una de las expresiones faciales y gestuales del mismo en una suerte de monólogo. 

Knight establece un notable parangón entre la profesión del personaje y su entorno. Ivan sabe que lo fundamental en todo ámbito reside en la cimentación de una base firme, sólida, para que el armazón no dé lugar a vibraciones que terminen desmoronándolo por completo. Eso sucede en el trabajo, en las relaciones humanas y afectivas, en la vida misma. El director de Hummingbird explora incluso los resentimientos del pasado como huellas que inciden o repercuten de cara al accionar futuro en un sujeto. Ivan se molesta y entristece, pero se siente seguro, decidido, nada aparenta hacerlo cambiar de parecer. Es una suerte en el fondo, de héroe de la mitología actual, que demuestra una integridad, responsabilidad, firmeza y perseverancia, propias de un ser honesto que afronta sus miedos. 

Lo mejor: Su mejor mérito es que con unos cimientos que normalmente deberían fallar, la película no se cae.Una gran película que no defrauda ni a espectadores cotidianos; y menos aun a espectadores especializados, la economía de recursos y la solidez de resultado son abrumadoras. Pero sobre todo, la interpretación de Tom Hardy, la mejor que he disfrutado en años y que consigue que el corazón palpite hasta después de los créditos.

Lo peor: El ritmo de la película no es intenso, se podría decir que es bastante tranquilo pero que está bien equilibrado ya que sabe mantener el interés del espectador en todo momento así como también sabe hacer llegar sus momentos emotivos o dramáticos cuando se lo propone. Es posible que a muchos no les guste el abrupto y quizás ambiguo final, el único realmente razonable para terminar el infierno nocturno de Iván.

Como anécdota, cabe resaltar que Ivan toma su apellido de John Locke, filósofo empírico británico del siglo XVII cuya obra más conocida trata de los límites de la comprensión humana.


jueves, 28 de agosto de 2014

Crítica: Zarpazos: un Viaje por el Spanish Horror

Víctor Matellano ha decidido recuperar todo lo que sepa a cine de terror de los 70, ya sea a través de obras literarias como : “Spanish Horror” y “Spanish Exploitation”, pasando por el documental “Tio Jess” y pasando por la dirección de films como “Wax” y aún en proceso “Vampyres”.

Por un lado, hay que reconocerle el gran esfuerzo de Matellano por recuperar un cine que aún parece ser desconocido para la sociedad española, que aún conciben los años 70 como una época de comedia casposa y de clichés. En este caso, el director del documental plantea un simple recorrido sobre el cine de género que tanto proliferó en los 70, a través de diferentes testimonios como son Lone Fleming, Jordi Grau, José Ramón Larraz, Jack Taylor, Antonio Mayans, Paco Plaza o Eugenio Martín, que explican de forma muy breve sus experiencias con el cine de terror y el impacto que tuvo en el cine español de la época.

Por consiguiente, el documental debe apreciarse desde los albores de la iniciación, ya que sino éste no ofrece mucho y se queda corto en todas sus apartados; es cierto que sigue una estructura bien tramada pero son tan escuetos los testimonios, que uno desearía algo más elaborado y mayormente un poco más argumentado. Se habla de forma demasiado genérica, se hablan de muchos directores y de muchas películas, y cabe destacar el buen gusto del director a la hora de valorar un cine patrio con “pedegree”, ya sea “La Residencia”, “Pánico en el Transiberiano”, “Una vela para el diablo” o de inferior nivel la saga de los templarios.

Pero a pesar de ello, el documental se resiente por no ofrecer un abanico de posibilidades más allá del terror, en este sentido si se hubiera optado por englobar desde una perspectiva fantástica la obra hubiera conseguido mayor envergadura, ya que de esta manera se podrían haber considerado films de otra índole como pudieron ser : “El techo de cristal”, “Manchas de sangre en un coche nuevo”, “El espíritu de la colmena”, “El bosque del lobo” , “Cría cuervos”o “Fugitivos” ; un cine español alejado del género más puro pero muy cercano al fantástico, que hubiera ayudado a dar un nivel más alto al contenido del documental.

Los testimonios ofrecidos y los datos proporcionados se quedan demasiado escuetos, ya que no se propician datos muy novedosos; en este caso, se intenta hablar de la comercialidad de estos films y del sistema de coproducciones, pero no hay un esmero en contar como funcionaba una coproducción y las trampas que ello conllevaba,al igual que sus beneficios o sus anécdotas. De esta misma manera, encuentro a faltar en que tipo de cines se exhibían estos films, cierto es que se habla de las sesiones dobles, pero no se detalla que suponía una sesión doble y como se calculaba en taquillaje. Pero sin lugar a dudas la baza más desaprovechada son los testimonios que nos encontramos; por ejemplo, Lone Fleming que es una de las personas más amables con las que he hablado, se le pregunta muy poco sobre su relación con el cine de terror, de cómo era un rodaje con actores foráneos y nacionales, cómo se llevaban a cabo los efectos de maquillaje o cómo se llevaban a cabo las dobles versiones.

Por otro lado, en general se abusa de buscar las opiniones de los mismos actores y directores, cierto es que de aquella época muchos han fallecido pero también se han podido buscar personaje de otros ámbitos, como son el compositor Antón García Abril, cuyo testimonio hubiera sido de gran interés para hablarnos de la música en el cine español, en el de terror y que consideración tenía la banda sonora en estos films. Lo mismo nos ocurre con la actriz Emma Cohen que estuvo muy presente en los films de Eloy de la Iglesia, y cuya figura se muestra olvidada en este documental, y también podría dar un abanico más amplio haber hablado con Juan Tébar -guionista de “La Residencia”- o a Marisol Carnicero-secretaria de producción de “La Residencia”- cuyos testimonios hubieran ayudado a una mayor cohesión sobre el tema a tratar, que es el cine español de terror, llegando a entender la dimensión global de lo que fue ese llamado “Spanish Horrror”.

Creo que uno de los problemas más grandes y el error más común, es abordar el cine de terror español desde una perspectiva demasiado genérica, es esa conciencia de género la que destruye en parte el calibre y calidad de un cine español, que sin ayudas sabía superar sus limitaciones y abordar territorios internacionales. Por lo que, si se hubiera propiciado una implicación del factor fantástico y onírico a este tipo de films, el abanico de películas ofrecidas sería mucho más grande y con una calidad mucho superior, por lo que no parecería que la gran mayoría de cine de terror español era un exploit o una mera copia de película de éxito de fuera. Como antes ya mencioné, desarrollando más el lado fantástico del cine de terror, el cine español se beneficiaría de películas tan capitales como fue “El espíritu de la colmena” que demuestra ser una pequeña joya de nuestro cine al propiciar un subgénero español tan importante como el de la visión del niño; ya iniciado con “Marcelino pan y vino” (Ladislao Vajda, 1955) seguido del film de Erice y “Cría Cuervos” (1976) de Carlos Saura, pasando por “¿Quién puede matar a un niño? (1976) de N.Ibáñez Serrador, y finalmente el subgénero se dilata en personalidades tan importantes que son: Jaume Balagueró en su tríada “Los sin nombre”(1999), “Darkness”(2002) y “Frágiles”(2005), y también de Guillermo del Toro con “El espinazo del diablo” (2001) y “El laberinto del fauno” (2006).

En conclusión, es una documental menor para mi gusto, ya que obras dedicadas a Paul Naschy, “El hombre que vio llorar a Frankenstein” es simplemente una maravilla de documental hecho con mucho gusto y encanto, aspecto que Matellano no llega a conseguir con su obra sobre el cine español de terror, que a pesar de sus buenas intenciones se queda muy por detrás de sus pretensiones.


Peor... Imposible, lo peor de lo peor en Gijón

Queridos cuervos, voy a poneros los dientes muuuuy largos a los amantes del cine de culto casposo, de esas producciones imposibles de hace unas décadas enfocadas todas a salir adelante con unos recursos de risa luciendo el género fantástico y de terror con la cabeza bien alta y que en su momento fueron no ya denostadas sino apuñaladas por crítica y público... Pues bien, Gijón, ciudad volcada con este tipo de cine lleva años acogiendo un Festi en el que se proyecta una selección de lo mejor de entre todo lo peor... el “Peor...Imposible”, que este año está dedicado al cine europeo y ningún freaky fan debería perderse. Sin afán recaudatorio (es gratuito) sus responsables hacen gala de un sentido del humor fascinante y de una cultura cinéfila apasionante. 

Así, entre el 25 y el 31 de agosto, se rinde homenaje a lo mejor de las peores producciones cinematográficas. "Peor? ¡Imposible!" se consolida como una cita para todos los amantes de la "Serie B", que ven como año tras año más curiosos asisten a las proyecciones y mesas redondas en el Antiguo Instituto. La nueva edición, fascinante, tendrá "más de un eje sobre el que se vertebren los contenidos", según explicó Jesús Parrado, coordinador del ciclo. Parrado aclaró que pese a la diversificación "la parte lúdica, la de las proyecciones, se potenciará". El ciclo contará con gran cantidad de películas de la década de los 70 y principios de los 80. Aunque el origen de los largometrajes será diverso, se hará especial hincapié en las producciones nacionales, como en los años anteriores. 

Aquí tenéis el enlace al video presentación del festival de este año: http://www.elcomercio.es/videos/culturas/cine/201407/23/peor-imposible-celebra-sexta-3693020788001-mm.html 

Entre las delicatessen que disfrutaremos este veranito están:

-Los criminales de la Galaxia, de Antonio Marghereti 
-En el ciclo “CACHAS Y FORZUDOS” (toma ya), Maciste el invencible de Leonviola y Santo contra el doctor Muerte 
-El tormento de las 13 doncellas de Harald Reini, con Cristopher Lee como conde Régula (jejejeje) 
-Película de vikingos y zombies (título spoiler todo en uno) 
-Serpientes de mar 
-Masacre zombi de Andrea Bianchi 
-La terrorífica noche del demonio de Jean Brismee, obra maestra de la caspa 
-Los 3 superman en Tokio (si, habéis leído bien) 
-El golpe secreto de D'Artagnan 
-La noche de Walpurgis, de Leon Klimovsky (Romasanta, no puedo dejar de acordarme de tí) 
-Las alegres vampiras de Vogel -Kung Fu contra los 7 vampiros de oro, la decadencia de la Hammer hecha peli 
-Embrión, peli del 2008 de Gonzalo López 
-Varios Giallos, que sabéis me encantan, como La reencarnación del mal Hanno cambiato faccia, Noches rojas... 
-La sueca Thriller a cruel picture 
-El Anticristo, 40 aniversario de la respuesta italiana a El Exorcista 
-Exorcismo, de Juan Bosch (Pienso en tí otra vez, Romasanta) 
-Los monstruos del terror -La muerte ronda a Mónica de Ramón Fernández
-El asesino de muñecas, de lo más BIZARRO que podamos ver nunca 
-Escalofrío de Carlos Puerto Como también viene siendo costumbre, en la sesión golfa nos encontraremos con sorpresas no programadas que nos harán flipar aún más y agradecer a los organizadores del festival que nos regalen estos buenísimos finales del verano cada año.


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