domingo, 26 de octubre de 2014

Crítica: Hungry Ghost Ritual

Cuando se estrenó “Hungry Ghost Ritual” la maquinaría del marketing se puso enseguida en marcha. Pronto los diversos medios de comunicación se hicieron eco de la noticia convenientemente difundida que decía que la producción dirigida por Nick Cheung había batido los records de recaudación de un film de terror hongkonés en su día de estreno instaurados 10 años antes. 

Dejando de lado que “olvidaban” decir cuál había sido este, el dato era tanto significativo como motivo para congratularse, pero también muy poco concluyente: batir el record de recaudación en un día de estreno y circundándolo al género del terror, es gratificante y buena noticia dado el escaso nivel de atención de los espectadores hacia estas producciones, y más si son autóctonas, pero no garantiza que su recorrido sea ni duradero ni cuantioso. De hecho ya sabemos que este tipo de películas acumula los primeros días a los aficionados al género, para luego pasar al olvido. Y no es palabrería ya que a falta de dos meses para acabar el año, “Hungry Ghost Ritual” solo se sitúa como la 33ª película más vista del año en HK –la 12ª entre las autóctonas- siendo incluso superada por otras paisanas de también el mismo género como “The midnight after”. 

Está claro que a pesar de mi escepticismo –del que hablaré a continuación- es una buena noticia que films como “Rigor Mortis”, el comentado de Fruit Chan o este recuperen algo de cuota de mercado frente a producciones thailandesas que son las que a la postre se le han comido el pastel, pero con todo lo dicho me temo que el éxito efervescente de “Hungry Ghost Ritual” –HGR a partir de ahora-, responde más a otra cuestión que a su catadura como película. 

Y es que conviene recordar que la misma está protagonizada por Nick Cheung, el “rey Midas” actual de la ex-colonia británica, y claro, eso de verlo además dirigiendo… 

Tras triunfar comercialmente y artísticamente con “Unbeatable” –película autóctona más vista del 2013 y un “Hong Kong Film Award” como Mejor Actor por su interpretación en la misma-, Cheung participó en la tercera entrega de “Golden Chicken”, en estos momentos la película hongkie más vista del 2014. Pero no solo sé quedó ahí la cosa, ya que su nueva colaboración con Dante Lam, “That Demon Within”, está situada como la octava más taquillera, y su nueva aventura, “Temporaly family”, la novena. ¿Se entienden ahora mejor mis palabras? ¿Esa expectación no sería resultado de la suma de su “efecto imán” con la curiosidad por su debut (re-debut según las fuentes) al frente de las cámaras? 

Pues bien, sin que sirva de precedente voy a adelantarme a las conclusiones siendo lo más franco posible: Sí, el éxito de HGR bien podría resumirse con el refrán “Arranque de caballo, parada de burro”, expectativas al principio y un mal “boca a boca” posterior. Porque no nos engañemos, la película es un producto fallido y una decepción por parte de Cheung, un actor por el que siento una especial simpatía. 

Pero al caso; argumentalmente tiene unos cimientos bastantes sólidos. Por un lado, recurre a ese sentimentalismo reinante en el género en los últimos tiempos urdiendo una telaraña alrededor del núcleo familiar. Se ve claramente que sigue una tendencia, que no es original, pero no es lo suficientemente gravoso como para considerarlo un hándicap. 

Otra de sus bases es esa que habla de las tradiciones, uniéndolas a un componente cultural tan importante para la sociedad china/hongkonesa/oriental como la Opera China. En este apartado, la película luce llenándose de detalles y matices interesantes que para mayor satisfacción cierran el círculo uniéndolo a lo anterior, convirtiendo al conjunto en otro núcleo familiar. Pero hasta ahí. Ya no hay nada más, solo el planteamiento y las intenciones, no hay guión, ni estructura, ni objetivo. Bueno, objetivo sí, dar sustos, pero sin perspectiva no hay recompensa. Me explico. 

El personaje se mete a la fuerza a dirigir a una troupe acosado por fantasmas. Así, como suena. Ni avanza, ni nos dan pistas, ni nada de nada. Llega el desenlace y te sueltan todo de golpe porque sí. 

En el resto del tiempo se distribuyen tropecientos sustos, es verdad, por lo que por ritmo no será, pero la mayoría son gratuitos, tan “por mis cojones” como la explicación que se da al final, que uno termina hasta los mismos. Encima estos abusan del típico efecto “sonido aumentado de volumen” por lo que a los más exigentes les resultará insuficientes. A mi gusto, solo hay dos escenas buenas: la de la “niña del exorcista” con mochila y la de las cámaras. Y es que claro, cuando acumulas tantas escenas de género tienes que recurrir a todo tipo de estilos, desde los clásicos espíritus hasta el slasher pasando por los demonios y el “found footage”. 

Pero es que hay más objeciones, y voy a dar razones para que sea difícil rebatirme. 

Nick Cheung. Ya lo he dicho: no solo es uno de los actores que más me gustan de Hong Kong sino de toda Asia. Su tallaje pequeño –similar al de un servidor-, su pasado como agente de la ley, su historial… recapitulando, no tengo nada en contra de él, al revés. Sin embargo, y aquí demuestro mi imparcialidad, es que como director… de momento, nada de nada. 

Dejando de lado las grandes lagunas argumentales, hay cosas que dependen de él y que no sabe afrontar. 

El montaje es cutre. Está claro que hay un montador, pero él debería haberlo supervisado. Pasamos de una situación a otra para luego recogerla más tarde o volver atrás. 

Los flashbacks están mal integrados; una cosa es querer esconderlos y otra tomarnos por gilipollas. Perdonar lo vulgar de mi vocabulario, pero así de frustrado me encuentro. 

Si solo hay que ver lo “malito” que está el papá del personaje interpretado por Cheung para aparecer al final cual Superman. ¡Por Dios, alguien tiene darse cuenta de esas cosas! ¿Qué explicación pueden darme aquellos a los que les haya gustado el film? 

Más preguntas: en la “levitación” de la parte final se nota en la ropa los puntos de anclaje de los actores. ¿Explicación? ¡Y más en una industria tan acostumbrada al cable como la hongkonesa! 

Otra. En la toma final, ¿por qué hay personajes que están parcialmente grises o incluso sin tintar? Ver por ejemplo los brazos de la señora de detrás de Cheung. Menos técnico. En una escena del hospital las caras de Cheung y su padre aparecen cortadas. Respetemos el encuadre por favor… Y ya no digo nada de los tembleques de la cámara en alguna escena. Peaso ayudante de dirección, oiga… 

Y la última, la dirección de actores. No sé si es porque Cheung respetaba mucho a sus compañeros o qué, pero por ejemplo cuando Annie Liu hace como si estuviese borracha, alguien –Cheung- debería haberle hecho repetir la escena. Alarmante no, ridículo. 

Resumiendo, “Hungry Ghost Ritual” es una muy mediocre película de terror. Tiene muchos sustos, imaginería típica, fantasmas por doquier y todo lo que uno busca en una de estas películas, pero tiene tantas carencias, fallos y, sobre todo, inconsistencia, que no se mantiene. 

Tras fracasar en sus negocios en China, Zong Hua vuelve junto a su familia. Allí su padre lo acogerá con los brazos abiertos, cual hijo pródigo, tras diez años fuera de su hogar. Su hermana pequeña, lógicamente, no estará tan contenta. Cuando el patriarca tenga que permanecer en el hospital un tiempo, Zong Hua tendrá que hacerse cargo de la compañía de Opera China que su padre dirigía. En ese momento, este tendrá que afrontar no solo el disgusto de los integrantes del grupo sino a un puñado de espíritus que no dejan de hostigarlo. 

P.D.: Para que se vea que no soy yo el radical, mi mujer quería pasarla deprisa sin ningún miramiento…


Nido de Cuervos: Tomás Rubio (Chanpoo)

- ¿Cuál es la primera película que te viene a la cabeza, aquel título de la infancia que te marcó para siempre y te aferró al género para el resto de tus días? 

“El triángulo diabólico de las Bermudas” de René Cardona Jr., basada en una novela de Charles Belritz –sí, el Belritz de las academias, diccionarios, métodos de aprendizaje, etc.- y con todo un monstruo –pero de la interpretación y la realización- al frente del reparto como Mr. John Houston. En la película se juntaban dos mundos, el del mal llamado mundo del misterio con el fenómeno del Triángulo de las Bermudas, y el del género del terror, sobre todo personalizado con esa terrible muñeca de porcelana. 

 - Dentro del fantástico y su amplio abanico, ¿Cuáles son tus subgéneros predilectos? ¿Subgéneros? 

¿Eso existe? Fuera de bromas, me vale todo, pero quizás la épica heroica y todo lo que suena a heroico. Estoy harto de la miseria de vida que nos toca vivir y para mí, el cine es una válvula de escape. Superar retos y demostrar que vencer los obstáculos y contrariedades no es una quimera, es uno de mis principios. El cine fantástico nos ayuda a creer que todo es posible, y eso queramos o no es esperanza. 

 - Tus diez títulos imprescindibles.

Como imagino que hablamos de género, he hecho una composición que mezcle de todo un poco. 

1.- Hellboy 2
2.- The ring (Japón)
3.- Il mare
4.- Expediente Warren
5.- El resplandor
6.- La cosa
7.- Dark Water (Japón)
8.- Thor 2
9.- Posesión Infernal (2013)
10.- El exorcista


- Cineastas que te han marcado.

Carpenter, Spielberg, Roger Corman, Hitchcock, Peter Chan, Peter Jackson, Andrew Lau, Billy Wilder… 

 - Tres personajes de ficción que te hayan dejado huella.

Hellboy, Vlad Tepes y… sí, D'Artagnan. ¿A qué acojona, eh?

 - Una banda sonora.

Para mí es imposible quedarme con una sola. Es una de mis aficiones por lo que es difícil decidirme, así es que como me pones en un brete, voy a “devolvértela”. No es una Banda Sonora, pero a la vez lo es. Con este galimatías lo único que quiero es que si no lo conoces, averigües porque digo eso. “Illusion” de Thomas Bergersen. 


- Fuera del género, tres títulos que siempre te acompañan.

No me avergüenzo si digo que primero “Moulin Rouge”, luego “La lista de Schindler” y por último pero no menos importante “Hardboiled”. Esta podríamos considerarla de género, pero no de los que maneja “Nido de cuervos”. Variadito. 

 - ¿Actores o actrices favoritos/as?

Cary Grant, James Stewart, Bruce Willis, Chow Yun-Fat, Jackie Chan, Cha Seung-Won, Lee Beom-Su, Ewan McGregor, Jeong Jun-Ho… Las actrices todas: soy un ninfómano. 


- Un estilo musical. Un grupo. Un disco. Una canción.

Estilo…. Todos. Menos el flamenco, me gusta todo. Desde el pop más adolescente hasta el rock más duro. Pasando por la música clásica, la electrónica y hasta el folk. Soy fácil de contentar. Grupo. Lo tengo claro: Queen. Disco. Pffff… Esto es otra ofensa. Voy a ser sincero y no pensar de cara a la galería. “25 años no es nada” de “La guardia”. Me transforma. No es el mejor grupo y no son las mejores canciones, pero es esa sensación, mezcla de sentimientos y recuerdos que hace que algo en mi mente haga click y me convierta en un rockero ochentero. Canción… “Love song” de la Banda Sonora de la surcoreana “Duelist”. Ahí queda eso. 


- Un libro (o cómic, en su defecto).

Para sorprender y no nombrar un clásico, “El fin de los días” de Adam Nevill.

 - ¿En qué pierdes el tiempo cuando no estás viendo cine?

Hablamos de perder el tiempo. Pues escribiendo. Tanto reseñas para mi página web y blog, blog si contamos este, como esa especie de relato aumentado que espero que algún día se convierta en una novela. - Este pequeño perfil psicológico va a ser leído por lo menos, por el 30% de la población mundial, ¿Quieres mandar algún mensaje a la humanidad? Ser lo mejor persona que podáis. No es un mensaje santurrón, ni metafísico, ni asceta, ni nada parecido. Más friki que yo es imposible. Pero es una recomendación. Uno vive más feliz. A lo mejor seréis objeto de burla o abusos, pero la conciencia la tendréis tranquila. Podría decir alguna barbaridad divertida, con la que no dar esta imagen de abuelo caduco, pero como creo firmemente que esto será leído por ese 30% de la población, no quiero parecer idiota. Más idiota, quiero decir.

sábado, 25 de octubre de 2014

Crítica: Perdida

Encuentro que existe un tipo de narcisismo particular en los hijos únicos. Son el centro confidente de su propio universo. Suelen ir más allá del término independiente – protegen su autosuficiencia de una manera casi primitiva. ¿Por qué no deberían poder controlar también su alrededor? ¿Por qué no deberían tener todo lo que quieren? Es su derecho de nacimiento. 

Y no hablo desde la experiencia, pero el personaje de Rosamund Pike en Gone Girl (Perdida), la brillante y cautivadora Amy Dunne, hija única; lo es también en la vida real. Es el prisma a través del cual la actriz ha encontrado su personaje elusivo, esta rubia Hitchcoquiana, precisa y quinta esencialmente fría que sirve como centro inalcanzable de la constantemente cambiante narrativa. 

De hecho, Perdida es la película Alfred Hitchcock de David Fincher. Es sexy y elegante, un misterio retorcido que es a la vez oscuro y divertido, aunque de humor negro – sorprendentemente a pesar de la trama en sí misma. Me reí más de lo que esperaba reírme – a veces con alguna línea de diálogo sardónica o alguna ocurrencia hiriente, pero también como una liberación durante los momentos en que la historia se vuelve tan intrigante o macabra que es difícil de soportar. 

Parte thriller, parte meditativa sobre el matrimonio moderno, Perdida se mueve tan elegantemente y parece tan espontánea, que da la sensación que se desliza. Fincher siempre ha disfrutado explorando los elementos más inquietantes de la naturaleza humana, desde Se7en hasta El Club de la Lucha o el remake de Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres, pero en esta ocasión parece que baile con ello mientras lo rueda. Grabada con una belleza sin igual por su director de fotografía habitaual, Jeff Cronenweth, editada fluidamente por el dos veces oscarizado Kirk Baxter y con una banda sonora hipnótica de Trent Reznor y Atticus Ross, le queda una película exquisita y endiablada. 

Podríamos tomarnos la película más en serio, incluso. Basada en la novela de Gillian Flynn (quién ha escrito también el guion), Perdida es de temática densa y realmente ofrece mucho que masticar: matrimonio, identidad, confianza, verdad. A pesar de no decir nada nuevo sobre la noción de que nunca puedes conocer 100% a alguien – incluido tu pareja – lo hace de una manera inteligente y con gran humor y verborrea. Pero Perdida también es increíblemente entretenida, tiene estilo y es sensacionalista, un camino hacia un lugar al que posiblemente nunca querrías llegar tú mismo. 

Todo es adorable en la superficie, aunque – sólo al principio. Perdida abre con un enclave suburbano adinerado en la mañana del quinto aniversario de una pareja preciosa. Pero el marido, Nick Dunne (Ben Affleck), descubre que su mujer, Amy (Pike), ha desaparecido. A medida que la investigación progresa sobre el paradero de Amy, el guion de Flynn se tambalea en el tiempo y la perspectiva.

Vuelve a la noche en que Nick y Amy se conocieron, de una manera tierna a través de una conversación excepcional en una fiesta en Manhattan; ambos escritores, son rápidos verbalmente de manera natural. Sigue el cortejo coqueto y juguetón. Revisita la manera más que pública con la que Nick se declara a Amy y le pide matrimonio. Y de manera eventual captura algunos de los momentos más bajos de su relación: la complacencia que Nick siente una vez pierde su trabajo, y la desilusión de Amy. Cuando la madre de Nick es diagnosticada con cáncer, la pareja se muda sin dilación al pueblo natal en Missouri, y parece que el destino está sellado. 

De nuevo en el presente, los días pasan sin rastro de Amy. Pero la típica maquinaria histérica que crece durante la desaparición de una chica rubia (blanca) y guapa empieza a aumentar: buscadores voluntarios, una hotline y una página web, viejos amigos, padres ricachones, obsesivos frikis y el escrutinio constante de los medios. (Missi Pyle es maravillosa como estridente figura que grita casi en vez de hablar.) Perdida lo clava en la manera casi predatoria con la que las noticias de televisión cubren este tipo de historias, a la vez que muestra cuan fácil es manipular a los medios, entre esta película y la próxima Nightcrawler con Jake Gyllenhaal como cámara freelance que recorre las calles de Los Ángeles, es un recordatorio de como de manera bizarra, A Face in the Crowd de hace casi 60 años sigue siendo tan relevante hoy en día. 

No hay mucho más que pueda decir sin contar ni un solo spoiler, que creo que es básico para ver esta cinta; algo que nunca jamás osaría hacer. Es vital ir a ver Perdida sabiendo lo menos posible sobre la trama. Pero no puedo dejar de comentar la labor de los actores. Affleck siempre ha sido un actor un tanto subestimado – incluso cuando ganó el óscar por Argo – pero él y la extraordinaria Pike se elevan con el desafío de interpretar unos personajes que están en constante evolución ante nuestros ojos a medida que vamos aprendiendo nuevos detalles sobre ellos, y sobre su supuesto idílico matrimonio. Nosotros, en contraste, estamos en una posición deliciosamente incómoda al tener que reevaluar como nos sentimos hacia estas personas, sin tregua: a quién creemos, del lado de quién estamos e, incluso; quién nos gusta y a quién vamos a odiar. 

Affleck disfruta momentáneamente jugando con su persona fuera de pantalla, y la percepción de que es un engreído o un superficial. Pike, sin embargo; encuentra su camino para ser seductora y escalofriante al mismo tiempo; y tras años como actriz secundario en películas tan diversas como Una educación, Made in Dagenham, Jack Reacher o Bienvenidos al fin del mundo; es una maravilla verla finalmente sacar juego de un jugoso papel protagonista con excelente maestría. 

También rompiendo expectativas: Tyler Perry como el abogado poderoso de Nick, quien pasará de víctima compadecida a sospechoso potencial. Perry es escandalosamente bueno en lo suyo, y debería estar en millones de películas más. Carrie Coon, The Leftovers; mágica como hermana gemela/melliza de Nick y voz de la razón; y Kim Dickens quien se come la pantalla y es una roba-escenas cada vez que aparece como detective a cargo del caso. Si hay algún detalle algo más débil, es el personaje de Neil Patrick Harris, un antiguo novio de Amy, arrogantemente hilarante que volverá a escena, no para nada el actor sino su personaje, que deja algunos cabos sueltos. Aunque quién es no es tan importante como lo que representa. Es el mundo de Amy y nosotros, simplemente vivimos en él.


jueves, 23 de octubre de 2014

Crítica: Cuando Despierta La Bestia

Desde tierras escandinavas (de Suecia para ser concretos), nos llegó hace seis años, una de las mejores películas de vampiros que se hayan rodado en la actualidad: “Déjame Entrar” (“Lat Den Rätte Komma In”, Tomas Alfredson, 2008). La película, basada en la novela homónima de John Ajvide Lindqvist, se convirtió en poco menos que en un clásico moderno del cine vampírico y su inevitable remake americano, por supuesto y como no podía ser de otra forma, no se hizo esperar: “Déjame Entrar” (“Let Me In”, Matt Reeves, 2010). 

Pues es nuevamente la madre tierra escandinava, quien nos acerca a otra de las figuras clásicas del folclore del terror: el licántropo u hombre lobo. No desde Suecia, sino desde Dinamarca, país de escasa tradición dentro del género (al menos a nivel de repercusión internacional) siendo posiblemente el “Anticristo” de Lars Von Trier, lo más exportable y notorio de la cinematografía danesa que haya salpicado al viejo continente y alrededores en lo que a horror se refiere, nos llega la ópera prima de Jonas Alexander Arnby, “When Animals Dream” (“Nar Dyrene Drommer”), cinta que se pudo ver en el reciente festival de Sitges y que ahora se estrena en nuestro país bajo el título de “Cuando Despierta la Bestia”. 

Cualquiera que sepa un poco de esto del mundo del cine, es consciente que después de comer, en horario de sobremesa, es con toda seguridad, la peor hora para sentarse delante de la gran o la pequeña pantalla, al menos, si nos interesa minimamente lo que estamos a punto de presenciar. Por ello, la exhibición de la película en dicha franja horaria, desde luego no fue la mejor de las ideas de la organización del festival, en especial teniendo en cuenta el hecho de que no estamos precisamente, ante lo que se dice una cinta trepidante. Y ojo, que ni mucho menos es esa la mayor de sus miserias.

Con dicho handicap mordiéndonos el tobillo a lo largo y ancho del sufrido visionado cual perro sarnoso que roe un hueso como si en ello, le fuera la vida, da comienzo “When Animals Dream” dejando constancia de su denominación de origen, pues si un denominador común suele tener el cine escandinavo, es su impecable factura técnica. En este sentido, no se le puede achacar absolutamente nada a la cinta de Arnby, la cual hace gala de una fotografía preciosista y una dirección sobria que nos sumergen en una experiencia cinematográfica intimista de constantes vitales dramáticas, que recuerda a horrores a la oda vampírica de Alfredson. 

Por desgracia y puestos en materia, la puesta en escena es el único nexo de unión entre ambos filmes. La liturgia licántropa que nos ocupa, como tal, es poco, muy poco más, que un mediocre y previsible relato plagado de tópicos del género que ni ofrece nada nuevo, ni destaca absolutamente en nada lloviendo sobre mojado. La típica historia de esa bestia interior que todos llevamos dentro y que en un momento u otro, termina emergiendo hasta la superficie. Fórmula básica, recurrente y mil veces explotada dentro del cine de terror que aquí, compaginada además, con un ritmo pausado hasta el extremo, da como resultado una experiencia soporífera, insípida y carente del menor interés (por no olvidar la constante mordedura del can, que cada vez saliva más). 

Es en la vertiente dramática de “When Animals Dream” donde deberíamos ir a buscar sus mejores galas y caricias más agradecidas. Si entendemos la obra como una denuncia a la exclusión social, a los taboos de una sociedad que por regla, suele girar la cara y retirar la mano a todo aquello que es diferente o que se sale de la anquilosada “normalidad” que gentilmente nos ofrece, nuestro estimado estado de bienestar o también como una fábula macabra de la eclosión del ser, de esa transición siempre complicada de niña a mujer, el capullo de una rosa que se abre y en este caso, una plagada de espinas, podemos llegar a conectar con la propuesta, pues es en la conjunción de dichos fenómenos, donde la película clava sus cimientos y realmente, muestra su solidez. 

Por desgracia, los que hayan venido a hablar de su libro, es decir, a ver una película de terror al uso, de hombres lobo para ser más exactos, van a sufrir de lo lindo aquí con la nana del amigo Arnby, que desde luego, tiene un trago y de los amargos, teniendo en su nulo mimo hacia el género y hacia sus seguidores, el mayor de sus pecados. Y la penitencia la pagamos nosotros. Intentando atender al mismo sermón de todos los domingos en la parroquia, con el hombre de dios de turno vomitando las mismas sandeces para ovejas medievales mientras estas asienten y repiten como los borregos que son. Nosotros igual. Tragamos con los tópicos y los clichés que aquellos que no tienen nada que ofrecer, hacen suyos y utilizan como herramientas con las cuales trabajar las tierras de las que se alimentan aquellos que claudican con el mismo pan de cada día. 

La falta de mimo o de licencias para con el aficionado asiduo al terror, queda también muy reflejada en la poca fuerza visual del filme, rácano en violencia y tímido o directamente frígido, a la hora de enseñarnos en todo su explendor, la obra del señor, en este caso, la de la criatura lobezna que encarna una solvente Sonia Suhl (creíble en todo momento su repentina perdida de la inocencia) y que se obvia en gran parte de las secuencias, donde las muertes son perpetuadas fuera de plano cual escupitajo en la mano de aquel que te da de comer. La poquita pierna que enseña, lo hace sin gracia y a desgana. Lo cual, deserotiza a cualquiera. 

En conclusión, una propuesta que funciona mucho mejor como denuncia social que como filme de terror al uso, donde fracasa rotundamente ofreciendo una historia de nula originalidad y sin ningún tipo de capacidad ni para sorprender ni para mantener el interés del espectador. Lenta, fría, impersonal y a todas luces, lo peor que servidor se trajo del festival, además de un señor constipado, pero de eso, para ser justos, habría que culpar al jacuzzi del hotel. 

Lo mejor: Su excelente factura técnica, en especial, la deliciosa fotografía. 

Lo peor: El guión no ofrece absolutamente nada nuevo y el ritmo lento, que si bien en otras propuestas escandinavas de género ha funcionado, aquí es una losa insalvable. Por no hablar de su total ausencia de casquería.


miércoles, 22 de octubre de 2014

Crítica: Alleluia

Halleluyah, Aleluya, Hallelujah, Alleluia, no importa cómo lo escribas, la pronunciación es la misma y el significado también: es la palabra que se utiliza para alabar a dios creador. Nuestra "Alluluia" también es un cántico, una forma de alabar al dios en el que cada uno cree, el dios que cada uno crea y una forma de llamar a la locura, que por mucha felicidad que traiga, no deja de ser locura. "Alleluia" es la celebración del feismo y la ceguera del amor. 

Fabrice Du Welz nos vuelve a llevar a Ardenne para seguir con las historias granuladas, que comenzó con la enfermiza "Calvaire", en la segunda parte de la trilogía pensada por el director para explorar el terror rural y las bondades de una atmósfera opresiva y claustrofóbica. Esta vez, nos habla de la obsesión, de los celos, del amor y como no, de la locura, otra vez desde la mirada enfermiza que fija él como nadie. Fabrice Du Welz vuelve a explorar las relaciones humanas de una forma extrema, tomando como punto de partida la verídica historia de los asesinos de la luna de miel, Raymond Fernández y Martha Beck, quienes se conocieron en una agencia matrimonial y se dedicaron durante un periodo de tres años (desde 1947 a 1951), a engañar, seducir y asesinar a solteronas adineradas, a las que Ray engatusaba para ganarse su confianza y Martha terminaba matando. 

"Alleluia" nos lleva por esos amplios y bastos caminos de la obsesión, los de Gloria, una trabajadora de la morgue, separada y con una hija, que se deja llevar en un arranque de soledad, por las páginas de citas de internet, para tener una velada romántica con un señor llamado Michel que, desde el principio parece interesantísimo. Este encuentro, lejos de quedarse en anecdótico, marca el inicio de una espiral de locura, amor y sexo malsano que arrastrará a Gloria y Michel hasta un pozo del que no podrán salir. 

Dividida en cuatro actos, "Alleluia" es la incomodidad hecha película, no sólo por lo que se nos cuenta, sino por cómo se nos cuenta, y es en esa habilidad que tiene este director para transportarnos a esa región francesa que le obsesiona, la que hace de esta película otra obra maestra para tener en cuenta cada vez que se mire al país vecino, y no solo hablo de esa imagen fea, degrada y llena de arena que llena cada plano, sino los enfoques, los silencios después de cada grito y sobre todo la credibilidad absoluta que le da a situaciones totalmente caóticas y retorcidas. 

GLORIA 

Entramos en terrenos pantanosos de manos de Lola Dueñas, quien desde el momento en que vi "Alleluia" se convirtió para siempre en Gloria, una enfermera que siente la soledad muy dentro de sus huesos, y que es capaz de rompérselos para estar siempre acompañada, una vez que encuentra a Michel (un maravilloso Laurent Lucas, ya presentado en "Calvaire"). Lo que Gloria relata es un cuento de amor enfermo, obsesivo, atroz, doloroso y totalmente dependiente en el que ella, simplemente lucha por su otra mitad, protege su relación y se vuelve loca a cada segundo. La actuación de Lola Dueñas, es de una fuerza tan brutal, que es imposible no meterla dentro de tu piel para sentir la incomodidad de un amor tan desesperado y desesperante. 

MARGUERITE 

Con el segundo acto, titulado como el nombre de la desencadenante de la la espiral de violencia, Marguerite, empezamos a conocer la verdadera naturaleza de los protagonistas, y se empiezan a desvelar las historias que discurren paralelas a la vida de los amantes. Marguerite será la primera mujer seducida por Michel, con quien se casa y con quien convive junto a su "hermana" Gloria. Es fácil entender cómo terminará la combinación celos, desesperación y enajenación en un marco de perturbación en cada esquina. Destaca la presencia de Edith Le Merdy, a quien ya conocimos como Lara en el desconcertante y también enfermizo primer corto, en 1999, de este gran director que es Du Welz: " Quand on est amoreux c´est merveilleus". 

GABRIELLA 

La historia, como toda buena historia, engancha desde el principio y va en linea ascendente en cada una de sus partes, con un desarrollo que no decae gracias a un guión muy bien pensado, y sin grandes artificios, pero al que se ha sacado un gran partido a través de unos personajes absolutamente maravillosos y dignos de inclusión inmediata en el olimpo de los grandes, una cámara que se mueve cómoda por los lugares más oscuros de la mente y de Ardenne, y una banda sonora excepcionalmente escogida, que es decisiva en cada toma. 

Gabriella nos muestra la naturaleza del ser humano al servicio del deseo, y como consecuencia, Fabrice Du Welz sigue tambaleando a su protagonista entre paredes desconchadas y luces ocres, donde parece que el tiempo se ha detenido, para sacudir al espectador con cada susurro de Michel, y cada palabra rota de Gloria. 

SOLANGE 

Toda historia intensa, tiene que tener un final intenso, y para ello, Fabrice Du Welz, reserva a Solange, la mujer que destruye y rehace a Gloria, la mujer que destruye y rehace a Michel y la mujer que finalmente contempla su propia destrucción. Es el final la puesta en pie definitiva de una historia que habla de temas universales, pero desde un punto de vista muy particular. Gloria- Lola Dueñas, se hace dueña de la pantalla y provoca el aplauso en cada paso, en cada grito, en cada orden, en cada lágrima. Todo un homenaje al buen cine, donde pocas pegas se le pueden sacar (en mi caso, ninguna). 

"Alleluia" es una película apabullante, que discurre por diferentes estadios del cine: lo hace por el drama, el terror, el humor negro, e incluso se atreve con el musical, combinandolo todo en una experiencia que deja con la boca abierta al espectador. Para mi "Alleluia" es la ganadora del Festival de Sitges, y sin lugar a dudas, Lola Dueñas debería haber sido la ganadora a mejor actriz, sin discusión alguna. 

Ojalá pudiéramos ver más películas como esta en pantalla grande. He aquí mi dios.


Crítica: Cub (Welp)

La primera película de terror producida en Flandes, hecha gracias a ese nuevo tipo de financiación que es el crowdfunding, es un slasher en toda regla, al que no se pueden aplicar todas las reglas del subgénero porque se desarrolla principalmente en un campamento de niños de doce años. Como lo oyen/leen. 

Un grupete de esos jóvenes scouts se dispone a pasar un finde en pleno monte con sus monitores y un torpe poli alejados lo más de tecnologías, playstations y candy crash sagas posibles. Pero, ay, el lugar que eligen para esa comunión con la naturaleza, para aprender los diecisietemil tipos diferentes de nudos y cómo evitar el olor de los mapaches en celo, no es tan solitario como podría parecer en un primer momento, y aislado, sí, pero precisamente por ello, se convierte en el lugar ideal para una matanza sin que nadie pueda oir los gritos de los que van a ir cayendo como moscas. El director, Jonas Govaerts, se estrena en esto del largo en lo que puede pasar por una entretenidísima mezcla entre los Goonies y Viernes 13 que, oigan, le queda más que decente, entretiene, asusta y tiene sus buenísimas dosis de sangre, violencia y muertes sádicas y macabras. Y es que en esto del terror, la edad no cuenta demasiado. 

En plena excursión, Sam, el protagonista interpretado por Maurice Luijten, un prodigio absoluto, (al que el director eligió tras verlo en un video musical, y que muestra un talento interpretativo capaz de sorprender a cualquiera y ver que va a ser una futura y muy grande estrella a este paso), que es un niño con una imaginación desbordada, descubre el escondite de un niño criado salvaje, en medio del bosque. Cuando lo cuenta a los demás nadie le cree y lo toman por un cuento de campamento. Craso error. El niño es el pequeño ayudante de un siniestro, salvaje y despiadado asesino en serie, protagonista de una leyenda en la que el niño salvaje vaga por el bosque, pero la leyenda, que no es tal, no tarda mucho en mostrarse como una realidad. Lo que no saben los invasores forestales es que este niño salvaje de leyenda es ahora la menor de sus preocupaciones. El joven y feroz director (títulos ganados a pulso con la cinta) acomete su primer largo como una bestia se prepara para atrapar a su presa, dejándonos absolutamente boquiabiertos con la imaginería rústica que se marca para hacer de cada muerte un verdadero espectáculo, diferente, imaginativo y muy, muy sádico, con algunas de las trampas mortales más retorcidas innovadoras que este fanático del terror ha visto en años. 

El título de la peli le viene al pelo, un Cub, en el mundo osuno es un cachorro de oso, en este caso, el cachorro que da sus primeros pasos como depredador y cineasta. 

Su debut en el cine no muestra la juventud como un handicap a vencer desde la perspectiva de la producción, ni da en absoluto la impresión de que ésta sea la primera vez que él y Mondelaers (co responsible del estupendo guión) trabajan juntos. 

La cinta se beneficia de un maravilloso compendio de referentes cinéfilos y cinematográficos, tomando notas de autores de la talla de John Carpenter y Dario Argento e incluso Steven Spielberg pero también se ve nítida y claramente como una cinta autoral, estéticamente propia y distinta. Esto demuestra que Govaerts ha aprendido de algunos de los mejores a la hora de crear y recrear el terror, el horror en estado puro en la gran pantalla, con el dominio de todos los trucos necesarios del negocio desde el principio de su primera peli. 

Los límites en Cub se rompen sin miedo, sin vergüenza, la inocencia infantil se pierde y diluye, y el resultado podría resultar chocante, pero está tan, tan bien hecho, que uno sólo puede tener palabras positivas ante tal decisión. 

En la Midnight Madness del Toronto International Film Fest, Govaerts advirtió a los amantes de los animales que lo que iban a ver podría dañar sus sensibilidades (por lo que ocurre con un perro en la película, mientras se declaraba un amante de los gatos... Toma friki), lo cual no deja de ser una maravillosa forma de mostrarnos cómo el cine de terror todo lo cambia... Es más fácil desatar y atacar susceptibilidades por un perro que por lo que les va a suceder a niños de doce años en pantalla. 

Como he dicho antes, otro de los méritos de Cub es que no puede jugar con esas reglas no escritas del slasher (la palabra ya viene acompañada de destetes, sexo en cabañas, porros y maldiciones), al utilizar como elenco a actores infantiles. Esto podría haber sido una receta para un verdadero desastre, pero el director lo sortea de manera magnífica. 

En la cinta, beneficiada por un puntillista guión, no se descuida en absoluto la construcción de personajes, más bien al revés, casi se puede considerar un estudio de personajes y Luijten muestra para nuestra sorpresa aristas y facetas espectaculares en la evolución de la trama, haciendo la progresión de su personaje del todo creíble. 

Govaerts, casi sin quererlo, establece un nuevo estándar para las nuevas películas de terror de hoy en día con Cub. Es una película que bordea efectivamente los límites de lo imprescindible para obtener una reacción de sorpresón en los espectadores, pero alejándose inteligentemente de lo que podría calificarse como un insulto imperdonable (algunos detalles horribles, espeluznantes, sólo se insinúan, pero hábilmente manteniendo la cámara fuera de plano). 

Pues eso, una apuesta inteligente, atrozmente divertida, con humor negro, negrísimo, a espuertas, que revitaliza un subgénero que se ha ido convirtiendo en lugar campal para típicos maníacos que se cepillan a adolescentes idiotas, borrachos o drogados y más calientes que el pico de una plancha. Es cierto que aparte de en este apartado, la cinta innova poco más, y puede incluso oler a deja vu cansino por momentos, pero en ningún momento deja de atrapar nuestra atención y ofrece todo y más de lo que se puede exigir a una ópera prima de terror. 

Destacable es la banda sonora, minimizada en beneficio de la imagen, y la fotografía, magnífica, preciosista y muy, muy interesante. 

Lo mejor: Su protagonista, espectacular. Las muertes más macabras.

Lo peor: Algunos clichés, para nada molestos.

Lo que se logra aquí, desde luego, no parece la obra de un cachorro ...


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